In cenobio tavarensi

Mediados del siglo X, cuando las fronteras del Califato de Córdoba se retraían hasta las lindes del mísmisimo Duero. Sí, por estas tierras anduvieron moros, aunque no creo que nos visitara ninguna princesa musulmana como relatan muchas leyendas norteñas. Más bien, en estas latitudes se mantuvieron los reinos visigodos, tal vez muy debilitados por las incursiones musulmanas, pero en definitiva debió de ser una zona «entre pinto y valdemoro», ya que no existen muchos topónimos árabes, por lo menos al norte del Esla, en una región que se llamó desde época visigoda la diócesis de Astorga, que en aquellos años alrededor del año mil, pertenecía al magno Reino de Léon.

Hablaremos ahora sobre dos personajes con los que me siento muy identificado, pues se trata de dos dibujantes de la época mozárabe, el presbítero Emeterius y la monja En —aclaremos que con «mozárabe» se llama a aquellos cristianos que vivieron en territorios musulmanes, así como al arte hispano de aquellos días desarrollado por dichas comunidades cristianas, herederas de la cultura visigoda y con una posible influencia con el arte musulmán propio del Califato que dominaba prácticamente toda la península—.

La mixtura entre lo visigótico y lo musulmán es evidente en el uso que hicieron luego los árabes del arco de herradura, propio de los godos; así como la existencias de glosas en árabe en códices cristianos de esta latitudes, por ejemplo en el llamado Beato de Távara; de lo que se desprende que tales monjes, o alguno de ellos, hablaba árabe o era de origen árabe, o bien se trataba de uno de aquellos monjes que huyeron desde los monasterios de Córdoba y Sevilla buscando refugio en los reinos del norte.

Quién sabe.


Emeterio y la monja En – Ilustración © Manu Mediaoreja
Estos personajes ataviados a la moda leonesa del año 1000 no son otros que Emeterio, que entró al monasterio siendo muy joven, como discípulo de Maius, Maestro Archipictor —bien pudiera ser éste un cargo o un grado dentro de los profesionales dibujantes en el Escritorio— esto es, jefe del equipo iluminadores —entiéndase como «ilustradores» o miniaturistas—.


Maio, maestro pintor


Maius, en cambio, era lo que se denominaba un «conversus», es decir, alguien que entraba a edad adulta al convento, a veces exento de realizar muchos de los oficios litúrgicos y desempeñando alguna labor puramente profesional intramuros, razón por la que se ordenaban monjes. Tal vez el gran talento profesional de Maius le hizo hacerse un hueco laboral en el scriptorium entrando a la orden monacal en calidad de «converso».

A la muerte de Maius en Tábara en el año 968, es llamado Emeterius dos años después a continuar con el trabajo inconcluso de su maestro finalizándolo tres meses más tarde en el verano del año 970.


En, dibujante


En cuanto a la pintora «En», mal llamada «Ende» y mucho peor aún como «Eude» —basta observar el colofón del beato hoy en Gerona realizado cinco años después en el escritorio de Tábara, en el 975, donde firmaba como autora de las ilustraciones, En depintrix, esto es, 'En la dibujante', su oficio—.

Decía antes peor llamada como «Eude», pues la persona que transcribió su nombre de tal manera en el colofón, o bien desconocía la paleografía visigoda o bien no dispuso de una imagen de buena resolución y calidad de dicho colofón pues en dicho folio del citado manuscrito se puede leer claramente y sin lugar a dudas una ene y no una uve y ni mucho menos una u.

Y en cuanto a En ó Ende, defiendo En, por dos motivos, primero porque en el reino de León de aquella época los copistas, conservadores de las tradiciones, se esforzaban por escribir en el latín más correcto, a diferencia de otras zonas europeas; y segundo que, objetivamente, es lo que pone en el colofón, En depintrix —del verbo depingo, 'dibujar'— y no Ende pintrix —donde lo correcto hubiera sido pinctrix—.


Una monja llamando a la oración


Por otro lado, creo haber descubierto algo que se ha podido pasar por alto todos estos años, en la miniatura de la torre, la re`presentación de una de aquellas sores o 'ayudadoras del Señor' que compartían monasterio con la comunidad masculina en la misma congregación y bajo el mismo abad o abadesa. Tavara/Tabara era un monasterio dúplice, doble, mixto, una comunidad masculina y otra femenina en un mismo cenobio, bajo un mismo gobernante, generalmente una abadesa, y con dependencias separadas salvo la iglesia, y quizás también el scriptorium y la biblioteca —que seguramente tuvo—.

Se trata del personaje que toca las campañas, a todas luces —para mi— una monja con cofia o tocado blanco sobre su cabeza. Para ello he comparado varias miniaturas de la época y a las mujeres a veces se las representa con este tipo de tocado o bien un velo o manto sobre la cabeza.

Y así viste En la dibujante en la ilustración que acompaña este artículo; Emeterio a su vez lo hace con gorro verde con el que él mismo se auroretrató en el año 970.


Ver también:
Posible monja dibujada en la miniatura de la torre (Beato de San Salvador de Távara)
El nombre de la primera artista leonesa sale a la luz (pdf)


El Panteón

Alguna vez me contó mi abuelo Laureano -y ésta no es una fórmula literaria para comenzar cualquier relato o pseudo-crónica a los que se les quiere proporcionar cierta veracidad, si no que es realmente como pasó, pués Laureano gustaba de contar a sus nietos historias de antes, que quizás hicieran mella en mí para que ahora sea un apasionado de lo antiguo y las tradiciones-, decía pues, que una vez me contara mi abuelo, que siendo él un niño, corretearía con otros muchachos por las dependencias, celdas y claustro del Convento de Dominicos que, por aquel entonces, estaba abandonado o por lo menos no había ya monjes habitando esos muros.

En aquellos días que mi abuelo me contaba estas y otras historias, yo debería de tener no mas de 10 años y eso de celdas me sonaba a prisón... a cárceles... ¿los monjes encarcelados? ¿pero por qué?... ¿qué mal debieron de hacer para convertir su vivienda en su cárcel?... Luego, con el tiempo, supe que así se llamarían a las humildísimas estancias o alcobas donde ellos dormían, en un parco camastro, y hacían sus penitencias, hincadas las rodillas en el frío suelo, los monjes de cualquier monasterio o convento.

También siendo Laureano un crío -mi abuelo nació en 1901- jugaría con otros al esconderite por aquellos lugares que se conocían como la palma de su mano. Y también me contó, que entraban en el Panteón de los Marqueses por un pasadizo subterráneo que iba a dar justo debajo de la bóveda de la Iglesia desde el Convento, y correteaban por allí a sus anchas, pues estaban abandonados, desde 1835, tanto la iglesia como el Convento. La Iglesia, en particular, había pasado en 1915 a manos de unos cuantos vecinos, siendo estos sus propietarios en un porcentaje porporcional a su participación en la compra de las fincas de lo que fue Palacio, Convento y Colegio, al último propietario y señor, el empresario madrileño Agustin Alfageme. Y así estuvo en poder de particulares hasta su posterior donación a la diocesis, que la volvió a abrir al culto en 1925. También me contó mi abuelo, que cierta noche apareció un la Plaza Mayor toda una comitiva de santos e imágenes que algún quinto gamberro sacó de la iglesia y los dispuso a modo de personajes en una irreverente puesta en escena. Mi abuela se seguía escandalizando cuando rememoraba tan dantesca imágen -todo ello denota el abandono bajo el cual estuvo todo el edificio religioso en esos años posteriores al motín, e incluso anteriores al mismo-.


Panteón en el que se hicieron enterrar , no sólo los primeros marqueses de Távara: Don Bernardino Pimentel Enríquez y Doña Constanza Osorio de Bazán, tal y como rezaba una lápida -puede que de mármol rojo- que antaño estuviera justo ante el Altar Mayor, marcando el lugar exacto del enterramiento, bajo la bóbeda semiesférica; si no que también fueron alli enterrados otros familiares como los padres de Bernardino: Don Pedro Pimentel Vigil de Quiñones y la Señora de Alba de Liste Doña Inés Enríquez de Guzmán, los que fueran fundadores del Mayorazgo al que la villa de Tábara, y su Tierra y sus pueblos, pertenecieran. Además también fuera enterrado en Tábara, venido el cortejo fúnebre desde Silicia, Don Antonio Pimentel y Toledo, cuarto marqués de Tábara y otro Pimentel más, un tal Enrique, hijo de Pedro, que es muy probable que fuera Don Enrique Pimentel tercer marqués de Távara e hijo del segundo marqués Don Pedro Pimentel Osorio.

De estos enterramientos tenemos constancia por un "libro bezerro y descripción de los estados de Távara y Villada, año de 1733" del archivo de la casa de Pastrana. Empieza el libro por la descripción del marquesado y mayorazgo de Távara, compuesto de esta villa y 13 lugares que en junto contaban 298 vecinos. En Távara tenían los marqueses un palacio de piedra muy antiguo y ya medio arruinado cuando se escribió el libro. En el convento de Dominicos de la misma villa existía un Panteón señorial. En el citado libro se copian las siguientes inscripciones sepulcrales:
"El Conde Don Pedro Pimentel -hijo de Alonso y su mujer doña María de Quiñones- y su otra mujer doña Inés Enríquez de Guzmán (Bernardino es hijo de este Pedro y de su segundo matrimonio con Inés, pues murió la anterior esposa y el hijo de ambos antes de cumplir la mayoría de edad este último). Murió el conde Don Pedro en 1504".

"Don Antonio Pimentel, marqués de Távara, gentilhombre de cámara de su magestad, capitán de caballería, Virrey y Capitán General del reino de Valencia y del reino de Sicilia. Murió gobernando el reino de Sicilia el 28 de marzo de 1627".

"Don Enrique Pimentel, hijo de Don Pedro" (sin fecha).

Fuente:Libro de Villada. Apendice III Documentos del Archivo de Pastrana. Biblioteca Digital de Castilla y León
Siguiendo con el curso de nuestra historia, la antes citada lápida de mármol rojo estuvo muchos años colocada a la entrada de la Iglesia conventual, trasladada allí desde su lugar original, según creo, cuando a la iglesia se le colocó el entarimado de madera que cubre el frío suelo original del templo, que presupongo sería de piedra y losas como es habitual el pavimento de los templos antiguos. Esta obra debió de acaecer a mediados del siglo XX pues mis padres aún recordaban haberla visto en su anterior emplazamiento. Hoy en día, desconozco su paradero, no se si está guardada para preservarla del deterioro que las pisadas de los feligreses habían provocado sin que aquella fuera su intención, o bien tengan pensado un emplazamiento futuro en lo que pudiera ser un museo de la villa tal vez en la Torre.

Y si la memoria no me falla, dicha losa funeraria, que tendría aproximadamente 2 metros de añcho por otros tantos de largo -si bien he de reconocer que soy un desastre para el cálculo de distancias a ojo de buen cubero- y en ella estaba inscrito, en caracteres cincelados en la piedra:

"ESTE ES EL ENTERRAMIENTO DE LOS SEÑORES MARQUESES DE TÁVARA".

Foto: Manu Mediaoreja

Lo que ya no recuerdo es la datación de aquella y si se nombraba a Bernardino Pimentel y a su esposa Constanza. Lo que sí que recuerdo es que aparecía de nuevo las armas de Pimentel y Enríquez -ambos linajes del que descendía don Bernardino, el primer marqués- compartiendo un mismo blasón cuartelado. Ya mis recuerdos se vuelven vagos cuando intento recordar si dicho escudo heráldico estaba emcumbrado con la corona y portaba el manto de gules con vuelta de armiño, propio de la realeza y los "Grandes de España", como el que podemos hoy en día observar culminando el retablo del Altar Mayor.

Lo que me lleva a formular una nueva duda: si este distintivo del manto rojo es una cualidad de los blasones de los "grandes de España", ¿el que mandó colocarlo de tal guisa en el retablo fue entonces Miguel de Toledo y Enríquez Pimentel, noveno marqués (concedida tal distinción en 1729)?

Pero esta es una cuestión que abordaremos en otro momento...

Retomando el tema principal de este artículo, me contó también mi abuelo, que un día llegaron "unos del Patrimonio" alegando -o más bien ansiando- buscar y hallar -pues tales serían sus pretensiones- cirta espada propiedad del marqués, que si decían aquellos entendidos, que tenía un piedrón en su empuñadura... que si de rubí... -ande usted a saber de qué gema se trataría- y que si tal y si cual... el caso es que comenzaron a horadar el terreno entre el Palacio y la Torre... y allí nada encontraron... -o eso dijeron-. Pero lo que si hicieron tales lumbreras fue romper ciertas canalizaciones de agua subterránea (tal vez la que, de la Fuente de Los Caños, venía a dar y regar la llamada Huerta del Marqués, por detrás de la Torre o qué se yo). Vaya usted a saber, que harían esos arqueólogos de tres al cuarto que a partir de ese momento, el Panteón quedó inundado e inaccesible.

Hubo intentos de evacuar aquellas aguas con el empleo de bombas de succión, pero todo fue en vano, pues al poco de desalojar auquellas aguas que salían más negras que qué se yo por el lodo y fango que arrastraban, se volvía a cubrir de otras renovadas... pues tal fue el desaguisao de aquellos buscatesoros de Patrimonio que nos privó de su visión y la sumió y consumió en el olvido.

El caso es que con el paso del tiempo se fue perdiendo el recuerdo de aquella cripta-panteón del marquesado de Távara -aunque algunos mayores aún la recordaban bastante bien- a la que se accedía desde una ala del edificio conventual, que en tiempos que mi abuelo Laureano me contaba estas historias y hasta hoy, pertenecía a un particular.

Fue con el devenir de los años, que en 1991, tal y como se dice en el propio sitio-web del Ayuntamiento www.aytotabara.com "...En septiembre del año 1991, a través de una vivienda particular adosada al templo, se descubre el acceso natural a una Cripta- Panteón bajo el crucero del templo" cuando, si se quiere ser lo más fiel a la verdad, habría que decir que se REdescubrió o que se la recuperó de su eterno olvido, pues uno no puede ir por ahi descubriendo las américas tras haberlo hecho Colón en su día -como cantaran en tono cómico aquellos de Les Luthiers en el Mastropiero que nunca.

Un pueblo que se derrime: Tábara. -Un relato de 1914-

Hace unas semanas, mi amiga, que lo es desde la infancia, Esther Cid, me hizo llegar lo que considero un tesoro y como todo tesoro que nos llega sin haberlo ganado, hemos de transmitirlo y mostrarlo al mundo, para que no se pierda en el olvido.
Me contaba Esther, que a raiz del nacimiento de este blog, "revisando y desempolvando armarios, cajas y libros en busca de antiguos tesoros de nuestra apasionante historia, precísamente en un libro carcomido, bien por los ratones o la humedad y que recoge la actividad de varios cuarteles de la Guardia Civil"... -que alguien hizo llegar a su padre- encontraron un relato manuscrito. Se trataba de unas fotocopias de las que no tenían, ella y su familia, ni idea de quién se las pudo dar:... quizá su abuelo o la hermana de éste último, su tía-abuela Laura...
En cuanto lo comencé a leer rápidamente me embargó la emoción, pues tal relato ya lo había leído unos meses antes. Justamente de unos textos que me hizo llegar Carlos Fresno extraidos de aquella interesante publicación periódica y benaventana: La Revista Brigecio, que ya alguna vez hemos citado.

Pero esta vez se trataba del texto de puño y letra de su autor. Fotocopias de unas cuartillas de papel -de las de antes- que componían el más hermoso alegato en favor de la libertad de un pueblo... una libertad conseguida con trabajo, sudor y esfuerzo. Un pueblo que se levanta pidiendo lo que es justo: el derecho a la tierra y lo consigue aunando esfuerzos, en una época donde aún existían privilegios feudales que enriquecían a unos pocos a costa del trabajo y miseria de muchos.

Su autor: ni más ni menos que alguien que estuvo implicado en el levantamiento (motivo de este diario), alguien que estuvo entre los detenidos y llamados a testificar, alguien que debió de alentar y dirijir al pueblo entero en aquellos días -o por lo menos así lo veo yo por como describe la agónica situación de los pueblos de lo que se llamaba Tierra de Tábara y como tras siglos de injusticia y de esclavitud lograban librarse del yugo asfixiante del señor, de sus fueros y rentas y recuperando lo que les correspondía por el solo derecho de nacer-.

Si bien es cierto que este documento parece estar fechado unos años después del motín, se trata realmente de un discurso como colofón de todo un proceso, que se iniciaría en siglo XIX con las suscesivas quejas por parte de la villa pidiendo la abolición de las rentas que aún debían pagar al marquesado, en una época donde había dejado de estar vigente el antiguo régimen señorial. Un proceso que se sucedería con la primera quema del palacio, a finales de siglo y propiciada por la soberbia de aquellos herederos de la duquesa de Pastrana, un proceso que explotó definitivamente con el levantamiento popular, unos años después, contra el dueño en aquel entonces de haciendas y rentas: el empresario madrileño Agustín Alfageme. Un proceso que acabaría con la venta, por parte de éste último, de fincas y montes a favor de una Sociedad creada por una centena de vecinos de la villa y su arrabal. Es curioso como en la escritura de compra-venta fechada en 1915 se nombra la actual Calle Travesía de Pastrana como la Calle de la Sociedad. Desconozco si es en recuerdo de esta sociedad creada para comprar los bienes del señor Alfageme o no.

Y trás este un tanto extenso preámbulo... ahí va el tesoro sobre el que versaba esta introducción:

Un pueblo que se derrime: Tábara

"El Rey Don Enrique II, por hacer bien y merced a su vasallo Gómez Pérez de Valderrábano, le donó el 8 de septiembre de 1371, la Tierra de Tábara, que comprende catorce pueblos con todos sus términos, casas, montes, pastos, prados, molinos, aceñas, tierras, viñas de heras, aguas corrientes y estables, y la pernada de las novias.

Por esta soberana disposición dictada por aquel Rey condenó, no sólo a aquella generacion sino a todas las que han sucedido, a la miseria y la esclavitud.

El Rey Enrique II, al donar aquellos dominios de Tierra Vieja a su vasallo y siervo Gómez Pérez de Valderrábano, negó el derecho a la vida a los que por entonces poblaban aquel país y aquel derecho irrefutable que corresponden al hecho de la existencia y surge de él: el derecho a vivir.

Muchas generaciones de Tierra de Tábara soportaron con resignación en el trascurso de muchos años, la disposición de aquel soberano que, negándoles el derecho a la vida, les convirtió en verdaderos esclavos.

Los tiempos pasando, trasmitieron a nuevos priviligiados aquellos territorios y las generaciones que venían, aguantaban resignadas el LÁtigo del feudal en sus sufridas espaldas.

En el 31 de Enero 1844, se declaró al de Pastrana -marqués de Tabara- Señor territorial y solariego de la villa de Tábara y pueblos de su tierra; quedando, desde aquella fecha, los de tierra de Tabara sometidos al nuevo (señor) feudal. Al nuevo Dueño de Vidas y Haciendas no hemos de examinar, ni tampoco nos importa que éste fuera de mejor o peor condición para aquellos seres, los tabareses, convertidos por una soberana disposición en esclavos vitalicios.

Lo que si hemos de demostrar, hasta la evidencia, es que Enrique II no pudo en ningún caso donar lo que no era suyo, ni los sucesivos dueños de aquellos dominios enajenar los derechos de otros.

El Infante Recien nacidol, tiene igual derecho a la tierra que el hijo del más humilde campesino y su ejecutoria, que viene directamente de la naturaleza, se sobrepone a todas las leyes humanas, a todos los títulos escritos, y es el derecho de haber nacido.

El negar el aire, el agua y la tierra a un ser que nace, impone a tanto como arrojarlo al río y como nadie tiene derecho a quitar la vida a nadie, tampoco nadie tiene derecho a negar los elementos de Vida, como Enrique II se lo nego a los tabareses.

Siguiendo el curso de la historia de estos dominios de Tierra de Tábara, en el 1842, por fallecimiento de Doña Dionisia Vives y Zires, duquesa viuda de Pastrana; pasaron a poder de los frailes Don Juan Ron y de Don Sebastián Zabaleta, los territorios de Tierra de Tábara que el ducado de Pastrana disfrutaba.

Los esclavos de Tierra de Tábara repugnantes ya al látigo del feudal y se resentían a soportar resignados el yugo opresor del amo y señor. Sin duda, pensando un día que a sus hijos no podían legarles nunca más que la librea de esclavo, pensaron en sacudirla y pisotearla y enarbolando en una mano la bandera de la libertad y de la justicia y en la otra la tea incendiaria, acudieron como un solo hombre, multitud de pueblos reunidos correspondientes a aquel señor.

Al palacio del señor de Vidas y haciendas y olvidándose en aquellos momentos que las leyes castigan los delitos e impulsados por el derecho que tienen a la Vida, pegaron fuego al palacio haciendo huir a sus moradores, que lo era el don Juan Ron y que afortunadamente pudo salvarse de las iras de sus vasallos: los tabareses. [1]

Con este espontáneo movimiento, de los que tantos años fueron pacíficos esclavos, cambió la situacion de Tierra de Tabara.

Don Juan Ron enagenó aquellos dominios y el nuevo propietario vió arder otra vez su palacio por que los de Tierra de Tabara habían ya pisoteado la librea de la esclavitud. [2]

Se trasmitió a otro dueño aquella propiedad y al encontrarse con la actitud hostil de los tabareses, que a toda costa querían emanciparse, y reconociendo el derecho moral que les asistía, les cedió todas aquellas propiedades en virtud de unos miles de duros que, a fuerza de sacrificio, han abonado honradamente en cinco años y firmándose hoy la escritura de propiedades de aquellos terrenos que el Rey don Enrique II se les dejó(?) por derecho. [3]

Día 8/11/de 1914."

Ramón Vega


[1] La primera quema del palacio ocurrida en 1898.
[2] Agustín Alfageme y la segunda quema del palacio en 1911.
[3] Escritura que se puede consultar en formato pdf en >>

Consultar también la publicación:
Crisis Obrera y conflictividad social en el nordeste zamorano (1898-1920) III.
BRIGECIO, Núm.11, 2001.
Centro de Estudios Benaventanos "Ledo del Pozo".
Benavente.

Crónicas familiares y otros relatos

Siquiendo los pasos de nuestro amigo Manuel García Fincias algunos tabareses quieren contribuir con ciertos relatos de familia y anécdotas u otras historias que conocen, y parece ser que se están animando a escribir y desean compartirlo con los lectores de este blog. Al ser éste un espacio abierto para la divulgación de la cultura tabaresa y su historia, no puedo por menos que ir publicándolos -pues aquí tienen su más que merecida cabida- conforme vayan llegando, bien directamente a mi email, bien por otros medios, y animo a aquellos que quieran secundar dicha propuesta que sólo ha de enriquecernos y añadirá un granito más a la recuperación, conservación y difusión de nuestra cultura y legado.

Ahí va un fragmento del primero, pero su documento completo se puede ver pinchando en el icono de pdf.

Pedro Alonso Palacios. CAPÍTULO II

Autor: Pedro Alonso Amaro
Relato de la familia Alonso de San Lorenzo de Tábara (ZAMORA) >>

[...]

CAMPANADAS EN EL CORAZÓN

Mi padre me contó que un día, siendo él niño...

Qué largas son las noches pasados los ochenta. Y mucho más largas aún las noches de invierno.

Noches atrás, cansado de dormir -¡o de vivir cansado una pesadilla!- me desperté; o puede que lo hiciera mi decrépito carraspeo, o el frío de mi cuerpo -¡semejante al de aquella noche!-, o tal vez las campanadas del reloj –hermanas de aquéllas que entonces oí y hoy volvía a escuchar mientras dormía-.

Tenía diez años, todo el valor que corresponde a esta edad y pocas chichas; tal vez por esto, a la hora de sacar fuerzas de flaqueza, me sobrara de donde hacerlo. Corría el mes de enero, del mismo modo que las aguas corrían por doquier a causa de las lluvias; pues, sin intermitencia, llovía desde hacía varios días. Empezaba a oscurecer y, no sin trabajo, arreábamos el ganado hacia el corral, situado en la Valina, el pastor y yo (zagal por aquel entonces en casa del abuelo materno de Juan Villalón, Antonio Fincias). Era la época de parir las ovejas y por ello la marcha resultaba más lenta y entrañaba más dificultades; pues raro era el día que, como aquél, no parían varias, y aunque algunos corderillos –hijos de la miseria- nacían ya muertos, o morían a poco de nacer, y eran abandonados a los lobos; con los vivos habríamos de cargar a hombros y continuar hacia el corral aquella marcha, al paso marcado por las esquilas de las ovejas, sus balidos tristes y el berreo lastimero de los corderillos. Pero antes de llegar, en el camino, nos sorprendió la noche –esa hada mala para cualquier zagal de diez años- y yo, además, tenía que volver a dormir a mi casa del arrabal; cosa que, en el silencio de la noche y su oscuridad, me resultaba más costosa que todo el trabajo de un día de cuidar ganado. Encerrado el rebaño, me despedí del pastor y emprendí el camino; cuando... a menos de un kilómetro, empecé a notar el agua a la altura de mis rodillas; “sin duda –pensé- estoy atravesando algún regato”; pero seguí andando y cada vez el agua me llegaba más arriba -como cada vez la noche se me antojaba más oscura-. Comprendí entonces que todas las lluvias caídas días atrás habían anegado aquella hondonada, convirtiéndola en una laguna, y yo... seguía andando (hubiera dado la vuelta, pero no estaba seguro de encontrar el camino de regreso), y ya me llegaba el agua a la cintura, cuando advertí que estaba pisando sobre guijarros, esta vez los de un regato de verdad; a continuación noté la tierra más blanda y, poco a poco, cada vez más marcado, empecé a oír el chapoteo de mis chanclos al andar: había logrado salvar el peligro; pero ¿dónde me encontraba? En vano busqué el camino; así que, entre jaras, urces y carrascas, seguí andando, andando, andando. Cesó al fin de llover. Un cuerno le vi a la luna por entre dos nubes. “Cuando la luna tiene cuernos de gavilucho –recordé- llueve mucho, no llueve nada o queda el tiempo como estaba.” Y fue este airoso recuerdo el hito de esperanza que me obligaba a hacer un alto para orientarme de nuevo. Y en ese preciso instante, a través de la noche, llegaron hasta mí las campanadas del reloj de la plaza, dispuestas a indicarme el camino; consecuentes, segundos después me repetían su llamada. Eran las siete. A poco, la complaciente luna me permitía ver a mis pies las tierras de la Chanica y, más adelante ya, el tejar y las primeras casas de San Lorenzo; pero hasta no llegar a la mía, al lado de mis padres y hermanas, no arranqué a llorar.

Han transcurrido setenta y cinco años y he oído muchas campanadas desde aquel día; pero, en las que la otra noche me despertaron, reconocí a las mismas de aquella vez: campanadas propicias que, a punto de salvar esta bajura anegada en lágrimas, venían a indicarme el verdadero camino.

Fue, por fin, el amanecer quien me trajo consigo el sueño, y ya llevaba el sol varias horas paseándose por las calles del pueblo cuando me desperté. Nada más levantarme, salí a la puerta de casa y alcé la vista hacia el reloj de la torre; contemplé primero su esfera y, un poco más arriba, su campana. ¡De qué forma tan fortuita me encontré mirando al cielo!

Y mientras la radiante y cálida mañana de enero trataba de levantar mi ánimo y borrarme de la mente aquella pesadilla, de nuevo el reloj, con sus campanadas, vino a poner triste música de fondo a mis meditaciones.

[...]

Por el pan y las patatas III

(continuación)


Autor

Manuel García Fincias


Luis Fincias, pastor en 1775 del décimo segundo Duque del Infantado y décimo Marqués de Tábara Don Pedro Álcantara de Toledo y Pimentel Silva y Hurtado de Mendoza (27-12-1729/1790), padre de don Pedro Álvarez de Toledo y Salm y Salm, miembro de la Regencia en 1812, Presidente del Gobierno (24-10-1825 al 26-8-1826) [1], actúa como testigo del deslinde de las propiedades del Monasterio de la Granja con la dehesa de Tardajo propiedad del Marqués de Tábara. [2]

- Pascual, los Fincias siempre habeis estado metidos en asuntos de la nobleza y del clero.
- José, hace poco más de 200 años que llegamos aquí como pastores.
- Ese cáliz, ¿formó inventario con aquellos doscientos libros que fueron entregados a los frailes?
- La escritura fue copiada en 1796 de la original de 1559 y relaciona "Quatro calizes de Plata uno grande y otro mediano y otros dos pequeños y otro de Estaño que son todos quatro..." [3] no podemos saber si alguno era procedente de América y tan valioso.
- ¿Y algún cuadro de la Virgen que se le parezca a la tabla del gran Rafael que tenemos en La Torre, se la entregaron a los frailes?
- En 1559 cuando se hizo la escritura a los representantes del Doctor San Gerónimo y de Don Pedro Pimentel hijo de Bernardino y Constaza Osorio, Rafael Sanzio el de Urbino (Italia) bien pudo vender el cuadro a los Osorio, Grandes de España, que estuvieron en Italia. [3]
- Bueno Pascual, también he oido que le entregaron olivos o que pudieran plantarlos. Jamás hemos visto uno por esta tierra y sus troncos son milenarios. [3]

[1] Árbol genealógico de la Casa de Tábara. AHPZA (Archivo Histórico Provincial de Zamora) del libro LA TIERRA VIEJA DE TÁBARA de José Ferrero Gutiérrez, obra que sitúa como hija del 11º Marqués a Antonia Cid, La Menora, 1832.

[2] Lorenzo Carro Carro, ESTUDIO HISTÓRICO Y HUMANO DE SANTA EULALIA DE TÁBARA, pág. 85.

[3] "...un lienzo de la historia de la beronica y un lienzo del Nazimiento e una alortifa viexa ..." son las pinturas religiosas que figuran en la "...escriptura de fundación del conbento......"
"...para donde puedan plantar un olibar de hasta Dos mil pies de olibos e que si por ventura el dicho olibar e la viña no respondieren puedan yvaar (?) de ello para pan [...] esa facultad de mudar las tierras que no les contentare no dure mas de quatro años..."
Carlos Fresno Gago, ESCRITURA DE FUNDACIÓN DEL CONVENTO DE MARÍA DE JESÚS DE TÁBARA (SIGLO XVI), Brigecio Núm. 9, 1999, Benavente. Excelente trabajo de transcripción de las fotocopias de sus originales del Archivo Histórico Nacional. Sección Clero. Leg.8250.

La primera quema del Palacio

Siempre que mi abuelo, el señor Laureano, el de la luz –más facil de reconocer para muchos como Laureano Mediaoreja –me relataba acerca de cuando su padre estuvo preso por el motín que acabó con la quema del Palacio, siempre me apuntaba que se trataba de la segunda quema del Palacio... la primera fue mucho antes de que él mismo naciera... he aqui un breve fragmento de lo que aconteció en esa primera revuelta:

"El martes 15 hubo una manifestación en Távara, acometiendo al pan y á las patatas, reduciéndose todo ello á poca cosa. El día siguientes se reprodujo con caracteres más serios y alarmantes, pues se dice prendieron fuego los alboratadores al palacio que fue de la casa de Pastrana y que hoy pertenece a los jesuitas.

El jueves salió de aquí el Capitán de la Guardia Civil con fuerza, y también el Comandante de Zamora para el lugar de los sucesos.

Sea por malestar general ó por lo que quiera, las algaradas se suceden, y como para todas las cosas Benavente tiene el privilegio de inicitiava, que en esta ocasión parece ha difundido el gérmen deletéreo.

En Távara el levantamiento ha tomado más y mayores proporciones, pues allí sienten malestar y disgusto pobres y ricos.

El administrador que tienen los jesuitas Sr. Tavarés, no goza de simpatías, ni ha procurado hacerse quereer de aquellos pueblos feudatarios."

La Mota, semanario popular de de Benavente.
Martes, 19 (?) de marzo de 1898.


Jose Ignacio MARTIN BENITO, Crisis obrera y conflictividad social en el nordeste zamorano (1898-1920), (III) El periodo 1911-1913, Brigecio 11, 2001, Centro de Estudios Benaventanos "Ledo del Pozo", Benavente.

Gracias a Manuel G. Fincias por hacernos llegar esta breve reseña.

Poemas de escarnio, un buen arma crítica con la que cuenta siempre el pueblo

En medio de la plaza hicieron,
una fuente octogonal,
que dicen que vale mucho,
pero que no vale un real.

Ya puede la villa entera,
contemplarla con espanto,
que parece el monumento,
que sacan por Jueves Santo.


Esta copla popular pertenece a aquellas que se cantaban en Tábara que hablaban de las fuentes y otras reformas que sufrió la villa y que el pueblo supo criticarlas y ridiculizarlas con humor.

En la foto de esta tarjeta postal de los años 60-70 del pasado siglo XX se puede ver la fuente de la que hablan tales versos.

Para ver todas las coplas visitar el siguiente link dentro de este blog Herencia Tabaresa

Por el pan y las patatas II

Prólogo (continuación)


Autor

Manuel García Fincias


El tesorero municipal tenía la tercera llave del arcón de los frailes. Su relación con el marqués, que ultimamente visitaba mucho su palacio tabarés, era de confianza por sus conocimientos contables, a la vez tenía un hijo colegial en el Colegio de la Villa y prometía el chaval ser uno de los grandes misioneros dominicos que evangelizarían las Filipinas o el Japón.

Cuando intimaron el Capitán General de la Frontera y el Tesorero en las licencias que permitía la guerra con Portugal visitaban el señorío y hacían proyectos de industralización como la primera fábrica de harinas con motor y usaban a su antojo los privilegios del cargo en igualdad con el señor, el tesorero junto al Alcalde Mayor convencieron al Marqués de la necesidad de expulsar a los dominicos.

El Prior que tenía la otra llave del arcón mantenía una campaña contra el marqués por sus ideas liberales. Había sido Primer Ministro con Isabel II, y le acusaba de sus abusos como es el caso de la hija natural que había tenido en Litos, La Menora.
Los dos llaveros, el municipal y el señorial, bloquearon las cuentas del convento y del colegio y contestaron a los frailes con los mismos abusos y además les acusaron de carlistas; un año después y mediante un decreto real fueron exclaustrados los frailes, corría el año 1835.
Foto del cáliz del que sí había una pista
a modo de plano de dónde se había enterrado
para que no se lo llevaran los Pastrana, los Trueba, etc.,
en el pago del Cáliz cerca de la Chana.


- Joseph, reza con nosotros.

Era la hora del ángelus y las labores se paraban mientras tañían las grandes campanas de la Torre y del Convento, nuevas, que estrenaba espadaña-campanario.


- Pascual, me cuentas la historia del arcón de los frailes pero no dices qué tesoros ocultaba cuando éstos dejaron el Convento y su Colegio.
- Carbajalino, estaba vacío. El cáliz, procedente de las primeras platerías americanas, había desaparecido.




- Señor Fincias, dicen que los dos frailes sobrinos de la Marquesa de Pastrana don Juan Ron y 
don Sebastián Zabaleta están recuperando el Convento.

- Están inventariando todo para venderlo: el señorío y el convento ya están en la mira de un industrial benaventano aunque parece que un senador que hizo fortuna en América junto a su esposa doña Pura, un tal Trueba, están en mejor posición.

- ¿Vas a quedarte en Tábara, Joseph?

- Pascual eres el único que me llama así, ahora se escribe José. Tú que tienes tantas tierras del señorío podías cederme algunas para labrarlas. Ah! Tu nombre no se escribe Pasqual, con “q”.

- Ya te dije donde desenterrar una preciosa marrana que murió. ¿Qué hicistes con ella?

- Venderla desde aquí hasta Otero en raciones.
- Va a enfermar toda esa gente.
–Nadie sabía de qué había muerte la cerda de mas de trescientos kilos–.

Las muchas propiedades que tenía Pascual Fincias en arriendo simbólico, dos gallinas, el heredero del Tesorero que decidió con el Marqués y el Alcalde Mayor la expulsión de los dominicos veía como en pocas décadas su señor cambiaba y no había un poder intermedio entre él y los colonos. Se echaba de menos la intermediación de los Frailes.

Eran tiempos de reivindicación y miseria. El Señorío había conseguido en Alcañices y después en la Audiencia de Valladolid ratificar todos sus derechos feudales. Se estaba gestando el motín de 1904. 
Pascual que heredó también su religiosidad de su padre y de su abuelo El Tesorero estaba colaborando con el Cura como Sacristán y ayudando a mantener su Iglesia del Arrabal de San Lorenzo y, entonces, había dirigido una instancia al Sr. Obispo de Astorga para que no retiraran el crucero de piedra de su sitio (la cruz de piedra en el camino de San Lorenzo). 


Don Pasqual Fincias pidió firme resguardo de la instancia dirigida al Ilustrísimo Señor Obispo de la Diócesis de Astorga para que no se levantase la cruz que existe extramuros de dicho arrabal de San Lorenzo.
Recibo del escribano y notario Don Higinio Camino de la Rosa padre de León Felipe en 1880.

- Don Higinio, ¿qué tal su hija recién nacida y esposa?

- Bien, Pascual. Has conseguido que no se mueva la Cruz de Piedra de su sitio que bien pueden los propietarios del prado de la Cerería, que tienen la bendición por cabecero, hacer el portillo de entrada por otro sitio.
- Sirva esta instancia también para el Juzgado Comarcal que está presentada demanda para que no se mueva el crucero del camino que une las romerías locales con sus pendones y danzas de San Mamés cuando van por pascua los de San Lorenzo y los de Tábara a la ermita de los santos.
- Son 50 reales de vellón, bien podréis pagarlos entre todos los que con harta devoción queréis que siga la cruz de piedra en el camino real y a la vez de los romeros de San Mamés y San Blas.
- No olvide señor notario que el Cristo de la Urna procesiona todos los Viernes Santo desde la plaza mayor hasta la cruz donde este cristo articulado junto al crucero de piedra representa una escena drámatica única por estas tierras.

Por el pan y las patatas. Relato novelado de aquellos años...

Autor

Manuel García Fincias


Preprólogo


"Por el pan y las patatas unió a más de doscientos vecinos tras la pancarta que acabó en un incendio reivindicativo.

-Ellos robando y yo llorando -se refería mi abuelo, José García, al día del motín que tenía de cuerpo presente a mi abuela-. Aún me dió tiempo de cargar una piedra de molino que había en las paneras de Alfageme y... ¡que estos tabareses no podían con ella a la espalda! -él era carbajalino-."

1911. Hace 100 años

Una vez más, nuestro amigo Carlos Fresno nos hace llegar un recorte de La Opinión de Zamora con la efemérides publicada de los días siguientes al motín, más concretamente en torno a las detenciones de algunos vecinos de la villa.

Casi se podría asegurar que se trata de una nueva y actual redacción de la noticia del Heraldo que se encuentra publicada en este blog bajo el título de 7 de marzo de 1911
fuente: La Opinión de Zamora del 7 de marzo de 2011

Escritura de compra-venta y división de fincas y derechos reales otorgada por Agustín Alfageme a favor de (?) y otros vecinos de Tábara. 5 de octubre de 1915

Manuel Gª Fincias me ha hecho llegar la escritura de compra-venta otorgada por Agustín Alfageme a diversos vecinos de la villa, unos 4 años y medio desde que se produjera el motín, venta posiblemente motivada por este último, entre otra razones.

Como dato curioso: el listado de los vecinos del pueblo que aparecen el la citada escritura, muchos de ellos familiares antepasados de muchos de nosotros con toda seguridad, baste para comprobarlo un simple echar un ojo a los apellidos allí anotados, para escudriñar ciertos parecidos razonables.

Como la escritura consta de 64 págs. demasiado larga como para colocar aquí en imágenes, adjunto vínculo que nos lleve al formato pdf.

Escritura compra venta

Ecos del motín 100 años después

24 de febrero de 2011


Hoy publica el periódico digital La Opiniñon de Zamora un breve artículo sobre el motín. En ningún momento se indica que estos hechos ocurrieron realmente en 1911, espero que ninguno pueda llegar a pensar que los tabareres siguen lidiando contra señoritos terratenientes ni quemando palacios. Cito el artículo entero:

Un madrileño origina la rebelión
al no cumplir el acuerdo sobre «El Encinar»

El terrateniente vendió el monte, apalabrado a los tabareses, a Faramontanos por 325.000 pesetas


CH. S. Los tabareses pleitearon una y otra vez para conseguir la supresión del pagos de las rentas y prestaciones que debían dar al Marquesado de Tábara, pero no lo consiguieron, ni cuando en el año 1811 por las Cortes de Cádiz y por la ley de 1837 en teoría era abolido el régimen señorial. Si tenían la razón no se la daban, que el Señor mantenía su poder, y cuando la tenían pues se la quitaban.

Cuando el siglo XIX caminaba hacia su final el Marquesado de Tábara estaba en manos de la duquesa viuda de Pastrana, cuyos herederos optaron por vender la práctica totalidad de las rentas del antiguo señorío. Cambiar tierras por monedas. Entre los compradores estuvieron José Rodríguez, de Benavente y Andrés Trueba y Pardo, vecino de Tábara y senador, a cuya muerte, su viuda, vendía parte a un vecino de Madrid: Agustín Alfageme Pérez.

Todo apunta a que el origen del motín estuvo en que Agustín Alfageme llegó a un acuerdo verbal con los vecinos de Tábara para venderle el monte de «El Encinar» por 250.000 pesetas. El problema surgió cuando los tabareses conocieron que de un pueblo vecino le habían hecho una oferta mejor y Agustín les traicionó, falto a su palabra, extendiendo la escritura que al fin y al cabo era lo que valía, a favor de los vecinos de Faramontanos por 325.000.

Las dependencias del Marquesado de Tábara se ubicaban en la manzana de la iglesia de «La Asunción», a su derecha esta el convento y a la izquierda la casa-palacio y más junto a la esquina el Monasterio.

fuente:www.laopiniondezamora.es

Hay que añadir al conjunto arquitectónico del Palacio de los Marqueses de Távara y al Convento, adjunto a éste, todo el edificio perpendicular a este último y que se unía al mismo por un arco-pasarela (hoy desaparecido) según me contó mil veces mi abuelo. Este edificio no era otra cosa que el Colegio Dominico que luego pasaron a ser las dependecias de la Casa Cuartel de la Guardia Civil en tiempos del Señor Alfageme y del motín.

Otro artículo más extenso donde se hace un poco de historia para poder entender la situación en la que se encontraban los vecinos de la villa antes del conflicto y su desencadenante: El motín cumple 100 años

Como curiosidad, sabemos que el autor de dicho artículo consultó antes este blog, pues copia literalmente algunos fragmentos del mismo, como el testimonio de Leoncio Díez, declaraciones que, sin llegar a tener un rigor histórico, forman parte de aquello que oyera yo de crío referente a cuando estuvo preso mi bisabuelo.

23 de febrero de 2011 • Primer Centenario del Motín de Tábara

Diseño: Manu Mediaoreja
























Tal día como hoy, un 23 de febrero de 1911 –cumpliendo hoy cien años–,
un pueblo unido alzaba su protesta contra el señor que los tenía explotados y asfixiados.

Aquel levantamiento sería el germen de su posterior emancipación como villa libre, acabando así con unos fueros medievales que la tenían en la más cruel hambruna y a sus gentes, bajo el yugo de la esclavitud.

...a alguno de nosotros no nos pillará ya el II Centenario... por ello, durante todo este año 2011, es nuestro deber el celebrarlo y rememorarlo para que otros puedan hacerlo por nosotros en el 2111.

Feliz Motín!!!!!!

Viva Tábara y sus gentes!!!

Jueves, 23 de febrero de 1911

El Motín por Juan Cid Árias
Todo lo que tenemos de ese día, de lo que acaeció en la villa zamorana, yace guardado en la memoria, un tanto velada, de los hijos y nietos de aquellos tabareses de principios del XX, protagonistas estos últimos de primera fila; pero también tenemos referencia a quellos días en los documentos gráficos de la epoca: artículos en periódicos que se hicieron eco de la noticia, traspasando las lindes de la comarca para llegar a lugares como la capital del país, Madrid, o las provincias vecinas como Salamanca.

En cierta publicación bajo el titulo: Tierra de Tábara. De Señorío a Reserva de Caza del autor Luis Ángel Sánchez Gómez (páginas 66 y 67) se relata el testimonio de Manuel Vega Gago, nacido en Tábara en 1923 y nieto de Ramón Vega Ferrero —llegado a Tábara desde tierras maragatas— quien, según aquél, fue el cabecilla de la revuelta. En esta publicación se dice que tal hecho se trata del primer motín que hubo en un tiempo previo, antes de que los herederos de la duquesa, viuda de Pastrana, vendieran los derechos señoriales a Antonio Trueba. Si no recuerdo mal, el nombre de Ramón Vega aparece entre los que fueron llamados a testificar. Con lo que el autor de la publicación esté equivocado, y el testimonio de Manuel Vega, está relatando el segundo amotinamiento, el currido el 23 de febrero del año 1911. dato que corrobora el nombre del administrador Juan Barbas, también reflejado en otro recorte de periódico de aquellos días.

Según Manuel Vega, tal como lo contó al autor de Tierra de Tábara. De Señorío a Reserva de Caza, en aquel 23 de febrero de 1911...

[...]
"La algarada se dirigió contra el administrador de los duques, cuya Casa Palacio se conserva aún hoy en la Plaza Mayor de la población. Asegura nuestro informante que este individuo no dejaba respirar a los vecinos, exigiéndoles el pago de los tributos de forma tiránica. Se cuenta que en una ocasión, ante ciertas protestas, el administrador les dirigió el siguiente exabrupto:

–¡Andáis hablando los tabareses... si hasta el aire que respiráis es mío!.

La tensión y el descontento llegaron a tal extremo que la población decidió pegar fuego al palacio y echar del pueblo al administrador. Según nuestro informante, su abuelo hizo la bandera [una especie de pancarta] para la manifestación, en la que escribió la siguiente frase:

Muera Juan Barbas. Fuego al palacio.

A continuación entregó dicha pancarta a los chavales más atrevidos de la escuela y les ordenó correr con ella por todo el pueblo.

Ese mismo día, según parece, a las tres de la tarde, se reunieron frente al palacio un buen número de vecinos. Echaron abajo la puerta con una viga, asaltaron la panera donde se guardaba el grano fruto de los derechos señoriales y prendieron fuego a la casa, aunque no ardió en su totalidad. Por supuesto, el mencionado Juan Barbas salió huyendo, en dirección a Faramontanos.

Aunque no disponemos de más datos, sí se nos ha afirmado que tanto el líder de la revuelta como otros vecinos pasaron un tiempo en la cárcel de Alcañices.

Pese a hechos como el citado, debieron transcurrir cinco siglos y medio para que la mayoría de los pueblos de la comarca se vieran libres de una opresión casi vasallática que supuso un grave obstáculo para su desarrollo y el bienestar de sus gentes. Esta presión señorial incidió muy negativamente en el crecimiento demográfico de las poblaciones, imposibilitadas de hecho para ello debido tanto a la escasez de recursos como a las obligaciones forales asumidas, que gravaban —entre otras muchas cuestiones— la construcción de nuevas viviendas. No obstante —y como ya vimos al estudiar las escrituras de foro originales—, se vieron más afectados los núcleos de nueva población que los pertenecientes a la Tierra Vieja de Tábara. Estos disponían ya de un cierto desarrollo y de unas propiedades —tanto particulares como comunales— consolidadas y transmitidas desde tiempo atrás, circunstancias ambas ausentes en las nuevas poblaciones, las de Sesnández, Escober, Ferreruela y Abejera."
[...]
Tierra de Tábara. De Señorío a Reserva de Caza.
Luis Ángel Sánchez Gómez (págs. 66 y 67)

Como apuntaba más arriba, si tales hechos son los del 23 de febrero, el motín ocurrió en tiempos, no como dice este relato, de cuando los herederos de la duquesa viuda de Pastrana, quienes también provocaron otro incidente similar años antes, sino de cuando el Palacio y la Hacienda estaba en manos de un rico vecino de Madrid, Agustín Alfageme.

La tan conocida frase de "que hasta el aire que respiran los tabareses es del palacio" no se si realmente se corresponde al motín de 1911 o al anterior, pero sÍ que contaban los mayores del lugar, que cierta vecina de la villa, –nuestra particular "Agustina de Aragón"–, al escuchar tales viles palabras, arremetió contra el mezquino autor de tal aberración de afirmaciones y arrancole, de un tirón, varios pelos de la perilla.

Hay que entender, como hecho lógico, cuando han pasado tantos años de aquellos días y de esta segunda quema del Palacio, que una vez nos han dejado los protagonistas de ese mismo escenario, la memoria, y más en estos casos, la memoria colectiva, nos juegue malas pasadas y mezcle datos tan distantes en el tiempo como si el que huyó corriendo campo a través, o montado en una caballo, fue el marqués muerto de miedo, que ni quiso mirar hacia atrás y ver arder su Palacio... (¿dónde estarían ya los huesos de aquel marqués del que versa la incripción en la bóbeda de cañón de la actual iglesia del convento, donde falsamente se le atribuye la fundación de la villa de Tábara? Quizás sí la fundación de Tábara como señorío, que no de la villa que ya sabemos que existía en tiempos anteriores a Almanzor, mucho antes del año 1000... de hecho los marqueses de Tavara de aquellos días, 1911, ya no eran poseedores de Palacio ni las tierras de la villa.

...o tal vez sería el hijo del duque el que huyó camino de Faramontanos... ¿qué duque?

En todo caso sería aquel potentado vecino de Madrid, Agustín Alfageme, si andaba por allí, que a lo mejor ni eso. O quizás sí fuera su administrador, el Barbas el que huyera echando humo... tanto humo como el que debío de exahar el Palacio.

Gracias a Carlos Fresno Gago, por hacerme llegar el fragmento del testimonio de Manuel Vega; y a Ester Cid, por el Calendario Conmemorativo del Primer Centenario, a partir de una obra inconclusa de su padre, el artista pintor tabarés, Juan Cid Árias, con cuyo fragmento se ilustra esta entrada, no obstante, a la espera de que me lo envíen a mayor resolución, obra que su padre, hace años, realizara sobre el motín y la quema del Palacio, como buen tabarés que era y amante de todo lo referente a su pueblo.

Viernes, 24 de febrero de 1911


PALACIO ARDIENDO

“Nos participa nuestro activo corresponsal en Tábara, que ayer, próximamente a las ocho de la noche, la mayor parte de los vecinos de aqul pueblo se amotinaron, situándose frente a la casa-palacio que fue propiedad de la señora viuda de Trueba y hoy pertenece a don Agustín Alfageme, y dieron fuego al edificio, rompiendo puertas y cristales, burlando la vigilancia de la benemérita, a la que desobedecieron los amotinados.

Según nuestro comunicante, el origen del motín obedece a que el señor Alfageme había ofrecido vender en precio de 250.000 pesetas el monte del Encinar y otras tierras al vecindario de Tábara y ahora resulta que ha otorgado escritura de venta a favor de los de Faramontanos con un aumento de 75.000 pesetas más.

Con el fin de garantizar el orden público, esta tarde ha salido para dicho punto fuerza de la Guardia civil de Caballería.

A última hora se nos dice que el palacio continúa ardiendo, pero que reina relativa tranquilidad, aunque no será extraño que el conflicto vuelva a producirse.”

Viernes 24 de febrero de 1911
HERALDO DE ZAMORA
DIARIO DE INFORMACIÓN, POLÍTICO E INDEPENDIENTE
Siglo II - Año XVII - Núm. 4.142

FUENTE: prensahistorica.mcu.es

Sábado, 25 de febrero de 1911

DESDE TÁBARA

“Amigo Director:
Ampliando las noticias que precipitadamente ayer les envié, debo participarle que serían las tres de la tarde cuando grandes grupos, formados por niños y mujeres, recorrieron las calle de la villa dando mueras a don Agustín Alfageme, dueño del monte El Encinar.

Los alborotadores llevaban banderas con letreros alusivos a la manifestación.

Momentos después de anochecer, próximamente a las ocho, el motín volvió a reproducirse, pero tomando parte en el mismo más de 200 personas, que se colocaron en las inmediaciones de la casa-palacio, comenzando a apedrear los miradores y balcones hasta conseguir destrozarlos por completo.

Por momentos, aumentaba el numero de manifestantes, hasta el extremo de que, a las nueve, puede decirse que el pueblo en masa se hallaba amotinado, razón por lo que la benemérita se vió imposibilitada de impedirlo.

Los revoltosos partieron las puertas de las paneras, y lograron apoderarse de unas 800 fanegas de trigo que encerraban; terminando por incendiar aquellos edificios, parte de la casa-palacio y del hermoso convento. El incendio duró trece horas.

Cual si fueran pocos estos destrozos, los amotinados talaron los árboles del jardín e hicieron añicos los muebles del palacio, terminando por apedrear también la casa del guarda del Encinar.

Aun cuando a la hora en que escribo (diez noche) se ha recobrado la tranquilidad, no será dificil que el alboroto vuelva a reproducirse ante la presencia de la numerosa fuerza de la Guardia civil que se espera, pues se ha pedido a los puestos inmediatos.

Si algo anormal ocurre, ya será conocido por los lectores del HERALDO.

Suyo afectísimo amigo,

El corresponsal.


23-2-911.”

Sábado 25 de febrero de 1911
HERALDO DE ZAMORA
DIARIO DE INFORMACIÓN, POLÍTICO E INDEPENDIENTE
Siglo II - Año XVII - Núm. 4.143


"Un motín.

ZAMORA. (Viernes, noche.) En el pueblo de Távara, de esta provincia, ha estallado un motín. El pueblo se situó en la plaza frente al palacio del Sr. Alfageme dando gritos y apedreando el edificio, con rotura de todos los cristales de las ventanas, echando abajo las puertas y prendiendo fuego a la parte posterior de la casa.

Los amotinados, para conseguir el incendio, burlaron la vigilancia de la Guardia Civil, que era escasa, por no hallarse más fuerza en la localidad.

El gobernador civil, tan pronto como tuvo conocimientos de los sucesos, ordenó el envío de fuerzas para calmar los ánimos.

Aunque el fuego continúa, porque no se dispone aquí de material extintor de incendios, la tranquilidad de los ánimos ha renacido.

El motín puede considerarse como sofocado, pero el edificio ha quedado destruído.

Las turbas, en los momentos de exacerbación, penetraron en la casa del Sr. Alfageme, llevándose gran cantidad de trigo y otros cereales que en ella se hallaban almacenados, sin que pudiera evitarlo la pequeña fuerza de la Guardia Civil."

Sábado 25 de febrero de 1911
CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA
Num. 19372

FUENTE: prensahistorica.mcu.es


Sábado 25 de febrero de 1911
ABC. Edición 1ª pag.10
Num. 19372
fuente: ABC. Hemeroteca

Lunes 27 de febrero de 1911

“Ni en los centros oficiales, ni nuestro corresponsal en Tabara, nos han transmitido nuevas noticias sobre los acontecimientos allí desarrollados estos días.

Ello nos autoriza a creer que no ocurre novedad.”

Lunes 27 de febrero de 1911
HERALDO DE ZAMORA
DIARIO DE INFORMACIÓN, POLÍTICO E INDEPENDIENTE
Siglo II - Año XVII - Núm. 4.144
FUENTE: prensahistorica.mcu.es


Lunes 27 de febrero de 1911
LA VANGUARDIA
FUENTE: prensahistorica.mcu.es

Miércoles, 1 de marzo de 1911


Miércoles 1 de marzo de 1911
HERALDO DE ZAMORA
DIARIO DE INFORMACIÓN, POLÍTICO E INDEPENDIENTE
Siglo II - Año XVII - Núm. 4.145
FUENTE: prensahistorica.mcu.es

Sábado, 4 de marzo de 1911



Sábado 4 de marzo de 1911
HERALDO DE ZAMORA
DIARIO DE INFORMACIÓN, POLÍTICO E INDEPENDIENTE
Siglo II - Año XVII - Núm. 4.148
FUENTE: prensahistorica.mcu.es

...también el sábado 4 de marzo...

Esta noticia no es que tenga relevancia alguna sobre los sucesos que se relatan en este blog, pero sí quede como anécdota de lo que pasaba en aquellos días en Tábara y la comarca.


Sábado 4 de marzo de 1911
HERALDO DE ZAMORA
DIARIO DE INFORMACIÓN, POLÍTICO E INDEPENDIENTE
Siglo II - Año XVII - Núm. 4.148
FUENTE: prensahistorica.mcu.es

Martes 7 de marzo de 1911


"La benemérita de Tábara da cuenta de haber detenido a los vecinos Leoncio Díez Fernández, Rafael Fresno Pernía, Pedro Casas Caballero y Ramón Vega Ferrero, complicados en el robo e incendio del palacio de don Agustín Alfageme."

Martes 7 de marzo de 1911
HERALDO DE ZAMORA
DIARIO DE INFORMACIÓN, POLÍTICO E INDEPENDIENTE
Siglo II - Año XVII - Núm. 4.550

FUENTE: prensahistorica.mcu.es

Tengo que agradecer a Carlos Fresno que me pasó la referencia a la fuente de este breve recorte del Heraldo y que, tanto mi hermano como yo, habíamos pasado por alto en nuestra busqueda por la hemeroteca, y donde se listan los llamados a declarar. Recorte del que yo tuviera constancia de su existencia ya hace un par de años cuando el mismo Carlos me lo mostró un verano en Tábara.

Ya entonces me embargó la emoción al ver allí reflejado el nombre del que fuera mi bisabuelo Leoncio. Emoción que aún me hincha las venas de orgullo, pues siempre tuve a mi bisabuelo por el héroe que era, cuando siendo yo niño, su própio hijo Laureano y su mujer Catalina, mis abuelos, nos relataban de cómo el abuelo Leoncio estuviera preso cuando lo de la "quema del palacio".

Según creo recordar, y ahí mis tías me podrán echar un cable, Leoncio estaba empleado como jardinero en el palacio y como obligatoriamente tuvo que ver a los que entraron a la fuerza en la morada del "señorito" lo llevaron preso a declarar. Contaba mi abuelo, que en aquellos días tenía tan sólo 9 años, que todo el pueblo estaba volcado ayudando a la familia de Leoncio mientras estuvo preso y que le gritaban por las ventanas de La Cárcel que estaba junto a la Fuente de los Caños, dándole ánimos: "¡Valor! ¡Leoncio, por el Pueblo!".

Leoncio sólamente dijo que él, preocupado porque las bestias no fueran a morir quemadas en el incendio, se ocupó de ir a las cuadras y caballerizas y soltarlas a campo abierto... por lo que él nada vió, ni quién entró, ni quién se llevó el grano... 

Tras nada conseguir lo soltarían días después.