Un pueblo que se derrime: Tábara. -Un relato de 1914-

Hace unas semanas, mi amiga, que lo es desde la infancia, Esther Cid, me hizo llegar lo que considero un tesoro y como todo tesoro que nos llega sin haberlo ganado, hemos de transmitirlo y mostrarlo al mundo, para que no se pierda en el olvido.
Me contaba Esther, que a raiz del nacimiento de este blog, "revisando y desempolvando armarios, cajas y libros en busca de antiguos tesoros de nuestra apasionante historia, precísamente en un libro carcomido, bien por los ratones o la humedad y que recoge la actividad de varios cuarteles de la Guardia Civil"... -que alguien hizo llegar a su padre- encontraron un relato manuscrito. Se trataba de unas fotocopias de las que no tenían, ella y su familia, ni idea de quién se las pudo dar:... quizá su abuelo o la hermana de éste último, su tía-abuela Laura...
En cuanto lo comencé a leer rápidamente me embargó la emoción, pues tal relato ya lo había leído unos meses antes. Justamente de unos textos que me hizo llegar Carlos Fresno extraidos de aquella interesante publicación periódica y benaventana: La Revista Brigecio, que ya alguna vez hemos citado.

Pero esta vez se trataba del texto de puño y letra de su autor. Fotocopias de unas cuartillas de papel -de las de antes- que componían el más hermoso alegato en favor de la libertad de un pueblo... una libertad conseguida con trabajo, sudor y esfuerzo. Un pueblo que se levanta pidiendo lo que es justo: el derecho a la tierra y lo consigue aunando esfuerzos, en una época donde aún existían privilegios feudales que enriquecían a unos pocos a costa del trabajo y miseria de muchos.

Su autor: ni más ni menos que alguien que estuvo implicado en el levantamiento (motivo de este diario), alguien que estuvo entre los detenidos y llamados a testificar, alguien que debió de alentar y dirijir al pueblo entero en aquellos días -o por lo menos así lo veo yo por como describe la agónica situación de los pueblos de lo que se llamaba Tierra de Tábara y como tras siglos de injusticia y de esclavitud lograban librarse del yugo asfixiante del señor, de sus fueros y rentas y recuperando lo que les correspondía por el solo derecho de nacer-.

Si bien es cierto que este documento parece estar fechado unos años después del motín, se trata realmente de un discurso como colofón de todo un proceso, que se iniciaría en siglo XIX con las suscesivas quejas por parte de la villa pidiendo la abolición de las rentas que aún debían pagar al marquesado, en una época donde había dejado de estar vigente el antiguo régimen señorial. Un proceso que se sucedería con la primera quema del palacio, a finales de siglo y propiciada por la soberbia de aquellos herederos de la duquesa de Pastrana, un proceso que explotó definitivamente con el levantamiento popular, unos años después, contra el dueño en aquel entonces de haciendas y rentas: el empresario madrileño Agustín Alfageme. Un proceso que acabaría con la venta, por parte de éste último, de fincas y montes a favor de una Sociedad creada por una centena de vecinos de la villa y su arrabal. Es curioso como en la escritura de compra-venta fechada en 1915 se nombra la actual Calle Travesía de Pastrana como la Calle de la Sociedad. Desconozco si es en recuerdo de esta sociedad creada para comprar los bienes del señor Alfageme o no.

Y trás este un tanto extenso preámbulo... ahí va el tesoro sobre el que versaba esta introducción:

Un pueblo que se derrime: Tábara

"El Rey Don Enrique II, por hacer bien y merced a su vasallo Gómez Pérez de Valderrábano, le donó el 8 de septiembre de 1371, la Tierra de Tábara, que comprende catorce pueblos con todos sus términos, casas, montes, pastos, prados, molinos, aceñas, tierras, viñas de heras, aguas corrientes y estables, y la pernada de las novias.

Por esta soberana disposición dictada por aquel Rey condenó, no sólo a aquella generacion sino a todas las que han sucedido, a la miseria y la esclavitud.

El Rey Enrique II, al donar aquellos dominios de Tierra Vieja a su vasallo y siervo Gómez Pérez de Valderrábano, negó el derecho a la vida a los que por entonces poblaban aquel país y aquel derecho irrefutable que corresponden al hecho de la existencia y surge de él: el derecho a vivir.

Muchas generaciones de Tierra de Tábara soportaron con resignación en el trascurso de muchos años, la disposición de aquel soberano que, negándoles el derecho a la vida, les convirtió en verdaderos esclavos.

Los tiempos pasando, trasmitieron a nuevos priviligiados aquellos territorios y las generaciones que venían, aguantaban resignadas el LÁtigo del feudal en sus sufridas espaldas.

En el 31 de Enero 1844, se declaró al de Pastrana -marqués de Tabara- Señor territorial y solariego de la villa de Tábara y pueblos de su tierra; quedando, desde aquella fecha, los de tierra de Tabara sometidos al nuevo (señor) feudal. Al nuevo Dueño de Vidas y Haciendas no hemos de examinar, ni tampoco nos importa que éste fuera de mejor o peor condición para aquellos seres, los tabareses, convertidos por una soberana disposición en esclavos vitalicios.

Lo que si hemos de demostrar, hasta la evidencia, es que Enrique II no pudo en ningún caso donar lo que no era suyo, ni los sucesivos dueños de aquellos dominios enajenar los derechos de otros.

El Infante Recien nacidol, tiene igual derecho a la tierra que el hijo del más humilde campesino y su ejecutoria, que viene directamente de la naturaleza, se sobrepone a todas las leyes humanas, a todos los títulos escritos, y es el derecho de haber nacido.

El negar el aire, el agua y la tierra a un ser que nace, impone a tanto como arrojarlo al río y como nadie tiene derecho a quitar la vida a nadie, tampoco nadie tiene derecho a negar los elementos de Vida, como Enrique II se lo nego a los tabareses.

Siguiendo el curso de la historia de estos dominios de Tierra de Tábara, en el 1842, por fallecimiento de Doña Dionisia Vives y Zires, duquesa viuda de Pastrana; pasaron a poder de los frailes Don Juan Ron y de Don Sebastián Zabaleta, los territorios de Tierra de Tábara que el ducado de Pastrana disfrutaba.

Los esclavos de Tierra de Tábara repugnantes ya al látigo del feudal y se resentían a soportar resignados el yugo opresor del amo y señor. Sin duda, pensando un día que a sus hijos no podían legarles nunca más que la librea de esclavo, pensaron en sacudirla y pisotearla y enarbolando en una mano la bandera de la libertad y de la justicia y en la otra la tea incendiaria, acudieron como un solo hombre, multitud de pueblos reunidos correspondientes a aquel señor.

Al palacio del señor de Vidas y haciendas y olvidándose en aquellos momentos que las leyes castigan los delitos e impulsados por el derecho que tienen a la Vida, pegaron fuego al palacio haciendo huir a sus moradores, que lo era el don Juan Ron y que afortunadamente pudo salvarse de las iras de sus vasallos: los tabareses. [1]

Con este espontáneo movimiento, de los que tantos años fueron pacíficos esclavos, cambió la situacion de Tierra de Tabara.

Don Juan Ron enagenó aquellos dominios y el nuevo propietario vió arder otra vez su palacio por que los de Tierra de Tabara habían ya pisoteado la librea de la esclavitud. [2]

Se trasmitió a otro dueño aquella propiedad y al encontrarse con la actitud hostil de los tabareses, que a toda costa querían emanciparse, y reconociendo el derecho moral que les asistía, les cedió todas aquellas propiedades en virtud de unos miles de duros que, a fuerza de sacrificio, han abonado honradamente en cinco años y firmándose hoy la escritura de propiedades de aquellos terrenos que el Rey don Enrique II se les dejó(?) por derecho. [3]

Día 8/11/de 1914."

Ramón Vega


[1] La primera quema del palacio ocurrida en 1898.
[2] Agustín Alfageme y la segunda quema del palacio en 1911.
[3] Escritura que se puede consultar en formato pdf en >>

Consultar también la publicación:
Crisis Obrera y conflictividad social en el nordeste zamorano (1898-1920) III.
BRIGECIO, Núm.11, 2001.
Centro de Estudios Benaventanos "Ledo del Pozo".
Benavente.

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